Ciudad Doble Capítulo 6

La semana me ha parecido tensa. Parece que se han enterado de lo del muerto… Se habla en susurros y mirando si hay alguien cerca. No sé si sospechan que es alguien de aquí o piensan que lo han tirado aquí.

Te miran mucho cuando estás por la calle lo que hace que tenga miedo de que me sigan y descubran que me veo con Amaya. No sé qué pasaría si lo hiciesen. A mí me da igual lo me hagan, lo que más me preocupa es lo que le hagan a ella.

Eso me recuerda que nunca he sabido lo que hacen si hay alguien que se relaciona con la otra zona. Ni siquiera sé si ha pasado antes. Sé que no pasa nada si nos ordenan algo pero de ahí a hablar…

Esto de solo vernos un día a la semana, con todo lo que está pasando, lo que está pensando ella, se me hace extremadamente larga. Me gustaría decirle de quedar más días pero, si se lo digo yo, es como si se lo ordenase. Lo único que puedo hacer cumplir lo que ella me pida. Nunca me ha pedido nada pero tampoco le he negado nada, cosa que no puedo. Yo solo puedo hacer lo que ella quiera, aunque me pida que dejemos de vernos. Si es lo que quiere ella, no puedo hacer otra  cosa que obedecer. Lo del beso… Si es ella quien lo pide… Tampoco pude decirle que no. Aunque fue diferente…

¿Qué estará pensando? ¿Qué es lo que busca? Está tratando con un tema muy serio. ¿Un revolución? Es correr mucho riesgo. Será muy complicado… Realmente tengo miedo. No del cambio, del proceso. Puede que cueste mucho más de lo que Amaya piensa. No puede ser tan sencillo. Nosotros somos muchos, pero sin recursos. No podemos hacer nada contra lo que ellos puedan tener.

Aquí hay pistolas. Lo sé porque mi padre trata con ellas por su trabajo. Me gustaría no tener la necesidad de usarlas pero, si se diera el caso, con eso solo no podríamos hacer nada.

-Ts, Lena.- escucho mi nombre en un susurro- Aquí.- insiste al ver que no le encuentro.

-¿Pero qué…- me callo y me acerco a Amaya sigilosamente- ¿Qué haces aquí?- le pregunto tirando de ella para meterle dentro del callejón.

-Necesitaba verte.- me dice nerviosa.

-¿Sabes si te ha visto alguien?- le pregunto poniéndome nerviosa.

-Podría decirse…- me muestra una sonrisa nerviosa- Le he preguntado a una mujer mayor si sabía dónde vives.- termina de explicar con temor.

-¿Mujer mayor?- me extraño. La única que podría ser es la señora de los niños abandonados porque está por la dirección por la que ha venido.

-No creo que se haya dado cuenta de soy de arriba.- hace un gesto para que le mire la ropa. Lleva algo muy parecido a lo que yo llevo.

-Si por las pintas no creo que se den cuenta pero… tu olor…- le digo sin intentar ofenderle. Aquí nadie huele tan bien.

-Pues no me he puesto perfume.- se huele la ropa.

-No solo huele la ropa. Tu pelo… la piel…- le digo bajando la voz.

-¿En serio?- se extraña oliéndose- No noto nada.

-Supongo que será vuestra olor.- me encojo de hombros- Seguro que tú notas que no huelo como tú.- me aparto un poco para que no lo note. Hoy he trabajado y el hombre fuma- Bueno,- intento cambiar de tema- ¿qué es tan urgente como para venir?

-Es verdad.- vuelve a ponerse nerviosa- Se están organizando para bajar esta semana para destruir vuestra ciudad.

-¿Esta semana?- me pongo más nerviosa. Estamos a miércoles, puede ser más pronto de lo que queremos.

-Pero no sé cuando. Creo que tienen miedo de que haya algún espía y dan la información justa.- consigue relajarse un poco, cosa que yo no consigo.

-¿Y qué hacemos? Todavía no nos hemos preparado.- me invaden más los nervios.

-Hay que convencerles de que se defiendan.- responde con seguridad- Si les convencemos  para que no les hagan caso a ellos sino a nosotras puede ser más fácil.

-A ti te harán caso seguro pero a mí… Eso es fliparse un poco.

-Mujer, yo me refería a nuestro bando.- se ríe- De todas formas, si yo les dijeran que te hiciesen caso, lo harían, ¿no?

-Pero eso…- no me gustaría. Mandar, ¿yo?

-Seguro que conseguiremos algo.- me anima cogiéndome del brazo- Mañana me reuniré con mis amigos para venir aquí.

-¿Aquí?

-Nos veremos a la hora de siempre donde siempre.- pasa de mi pregunta- Si tienes trabajo, te esperaremos sea a la hora que sea. No podemos alargar esto más.- habla con mucha seguridad- La semana se termina.

—-Fin del capítulo

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Ciudad Doble Capítulo 5

Todavía recuerdo la suavidad de sus labios sobre los míos. Nunca antes había sentido un beso tan suave, tan cálido. Me apena que su primer beso haya sido con alguien como yo. A parte de  que soy una mujer también somos de ciudades diferentes… Si hablar entre nosotras está prohibido, si se enterasen del beso, ¿qué pasaría?

¿Cómo se habrá sentido ella? Después del beso no volvimos a hablar del tema. ¿Fue desagradable para ella? Me preocupa que no haya sido como ella esperaba… Es todo tan diferente para ella. Lo único que quiero es protegerle. No quiero que sufra malas experiencias.

-Tú.- escucho que me llaman- Tú.- insiste al ver que no le encuentro.

Es el chico a quien quemaron la casa.

-¿Qué pasa?- le pregunto con desgana.

-Los de arriba están rastreando en nuestra zona.- me susurra mirando que nadie nos vea.

-¿Crees que sospechan algo?- le pregunto bajando el tono de voz muy nerviosa.

-No estoy seguro. Solo quería advertirte.- centra su mirada en la mía por primera vez desde que hablamos- Ese día no estuvimos juntos, ¿de acuerdo?- mantiene la mirada- Yo diré lo mismo.

-Va-vale.- le respondo algo nerviosa.

-Nos vemos.- se despide comprobando una vez más que no nos han visto juntos.

¿Qué hago? No puedo decirle a Amaya que están rastreando porque puede que sospechen de alguien de nosotros… Si se entera de que he sido yo seguro que me apartará de su lado. ¿Quién querría estar al lado de una asesina? De quien tengo que protegerle es de mí… ¿Por qué está pasando todo esto?

Llego al camino y entro después de comprobar que no hay nadie cerca. Como siempre, me está esperando. Cuando me ve me sonríe.

-¿Cómo estás?- me pregunta levantándose.

-Supongo que como siempre.- le miento un poco. Estoy más nerviosa que de costumbre por todos los acontecimientos de la última semana.

-Si estás aquí será bueno.- sigue con su sonrisa- Tengo noticias de lo que planean.- me informa poniéndose seria- Quieren terminar con vosotros.- se sienta y me hace gestos para que me siente a su lado- Quieren involuclaros en la muerte del hombre que encontraron en el vertedero.

-Sobre eso…- se lo tengo que decir, aunque pierda su amistad y su ayuda- Lo hice yo…- le confieso.

-¿Cómo?- se extraña- ¿Qué hiciste?- le tiembla un poco la voz.

-Tenía miedo. Él se abalanzó sobre mí… Qu-quería que lo hiciese con él… Yo… Yo… Me negué y él…- noto que se me llenan los ojos de lágrimas- Él me forzó… Me…- “ese día no estábamos juntos”- Le golpeé la cabeza y… y…- empiezo a llorar por el recuerdo y el hecho de estar contándoselo- Lo hice yo…- evito mirarle. No quiero asustarle- No te lo dije porque tenía miedo de que te apartases pero…

-Fue en defensa propia.- me coge la mano- No lo hiciste a proposito.- me acaricia la cabeza y la apoya en su hombro- No te voy a odiar por eso.- me abraza- No se lo diré a nadie. Te lo prometo.- sigue acariciándome la cabeza- No dejaré que nadie lo sepa.- me besa en la frente- Sería lo que buscan para destruir tu ciudad.

-Siento haberte metido en esto.- me disculpo separándome de su hombro.

-Se lo buscó él solo.- le resta importancia- Ahora tenemos que pensar qué hacer para poder contraatacarles.

-No tenemos ninguna posibilidad contra vosotros.- le recuerdo.

-Puede que con vuestros medios no podáis pero con nuestra ayuda todo puede cambiar.- me dice más animada.

-¿Crees que estarán a favor de ayudarnos a luchar contra los suyos?- le pregunto dando por hecho que la pregunta está respondida.

-Nos nos hagas tan fríos.- me aparta fingiendo molestia- No todos estamos a favor de la situación actual.

-¿Has hablado de esto con otros?- le pregunto preocupada.

-Yo no saqué el tema en ningún momento.- se encoge de hombros- Básicamente me limito a escuchar, rara vez doy mi opinión. Me preguntaron si tenía algo que ver con lo de mi tío cuando se enteraron. Temían que pudiese chivarme de sus ideales. Ya está confirmado que pensamos todos igual y que hay que hacer un cambio.- me explica con seguridad.

-¿Y cómo lo hacemos? Yo no he escuchado nada de eso en mi zona. Tienen demasiado miedo como para comentarlo.- le explico.

-Eso es un problema.- habla pensativa- Y no quiero ponerte en peligro por pedir un cambio…- deja una pausa- Miraré qué puedo hacer con los de tu zona. Debe haber algo que les haga perder el miedo.

-¿Estás segura de eso?- ahora soy yo quien se preocupa.

-No estado tan segura en mi vida.- responde con seguridad.

—–Fin del capítulo

Ciudad Doble Capítulo 4

Ha llegado el jueves. Creo que, desde que conozco a Amaya, es la primera vez que tengo pocas ganas de estar a jueves. Me siento nerviosa, con miedo. Me asusta que se entere y me tema por ello. No sé si decir por suerte o por desgracia, hoy tengo que hacer un trabajo antes de ir a verle por lo que iré un poco más tarde. Me sabe mal hacerle esperar pero…

Ando con desgana hacia el camino. Después de comprobar que no me sigue nadie subo la pequeña cuesta que une ambas ciudades.

-¿Amaya?- le llamo al verle abrazada a sí misma con la cabeza escondida por sus brazos- ¿Estás bien?- dudo en tocarle- Amaya.- insisto al ver que no reacciona.

-¿Lena?- me pregunta con los ojos lloros- Pensaba que no vendrías.- se seca las pocas lágrimas que tiene por la cara- ¿Ha ido todo bien?- me pregunta con media sonrisa.

¿Por qué está llorando? ¿Sabe lo del hombre? ¿Sabe que he sido yo? Y, ha ido bien, ¿el qué?

-Tenías trabajo, ¿verdad?- sigue al ver que no hablo- ¿Ha ido bien?

-Bu-bueno…- me tiembla la voz. Cada segundo que pasa siento que estoy más nerviosa- E-es lo mismo d-de siempre.

-¿Pasa algo?- me mira confusa.

-¿Qu-qué debería pasar?- intento tranquilizarme respirando profundamente pero no lo consigo.

-¿Han vuelto a hacer algo?- se enfada un poco- ¿Te han hecho algo?

¿No lo sabe? ¿No sabe que ha desaparecido alguien de arriba? No puedo decirle que casi me hace algo si no hubiese sido por el chico.

-¿Te han hecho algo?- insiste más preocupada.

-No. No me han hecho nada.- intento que no se preocupe negando con las manos y agachándome a su lado. No puedo decírselo- Que yo sepa no han vuelto a bajar.- le miento.

-Me alegra escuchar eso.- me coge de la mano- Por un momento pensaba que te habían hecho algo.- me coge la mano con ambas manos y se cubre la cara con ella- Menos mal.- se dice a sí misma.

-¿Ha pasado algo?- le pregunto al recordar que estaba llorando.

-Yo…- respira hondo- Quiero que sepas que no soy como ellos.- me dice algo nerviosa.

-Sé que no eres como ellos.- junto mi otra mano con las otras.

-Mi tío…- vuelve a coger aire para intentar calmarse- ha sido detenido.- sigue después de una pausa- Uno de sus empleados ha sido encontrado muerto en el vertedero.- sigue con los ojos llorosos- Ese hombre era uno de los que ordenaba que bajasen a hacer mal.- empieza a llorar- Por él…- no le salen las palabras y vuelve a taparse la cara con mi mano- Lo siento…- consigue decir entre sollozos.

-Tú no has hecho nada.- le acaricio la cabeza- No es culpa tuya lo que ha pasado.

-Me gustaría quedarme contigo.- me abraza sin dejar de llorar.

-Sabes que no podemos mezclarnos.- me sorprendo por sus palabras. ¿Cómo va querer alguien como ella estar donde yo? Debería ser al revés, ser yo quien se lo dijese, cosa que nunca pasará.

-¿Y si nos quedamos aquí?- pregunta algo más tranquila.

-¿No se preocupará tu familia?- intento hacer que entre en razón.

-Están demasiado preocupados escondiendo cualquier relación con mi tío. Ahora mismo no soy importante.

-Sabes que eso no es verdad.- le vuelvo a acariciar la cabeza- Seguro que lo hacen por protegerte.

-Eres muy optimista. Me gusta que seas así.- hunde la cabeza en mi pecho.

-En este mundo hay que serlo.- respiro hondo.

-¿Entonces? ¿Te importaría quedarte conmigo?- me mira a los ojos.

-No tienes pensado volver a casa, ¿verdad?- desisto.

-No esta noche.- me abraza más fuerte.

-Te haré compañía.- no pienso dejarle sola y que le pase algo. No me lo perdonaría. Por mi culpa ha descubierto algo bastante desagradable sobre su familia. Pero espera, si el cuerpo estaba enterrado, ¿cómo lo han encontrado?

-¿No se preocupará tu familia?- rompe el abrazo y me hace gestos para que termine de sentarme.

-Han dejado de preguntar dónde voy los jueves.- me encojo de hombros- Creen que estoy saliendo con alguien.- me da un poco la risa. Aquí bajo no hay nadie que valga la pena para salir con él. Cuando llegue el momento tendré que comprometerme con alguien para poder tener hijos. Siempre es así- He preferido dejar que se lo crean.- sigo algo más divertida.

-Entonces, tienes novio, ¿eh?- me empuja con el codo.

-Solo he dejado que se lo crean.- me extraña que se lo crea.

-¿Y cómo es besar a alguien?- sigue con el codo.

-No es nada del otro mundo.- le resto importancia. Es algo que suele entrar en el trabajo, depende del cliente y sus gustos.

-Entonces, no pasaría nada si me besaras, ¿verdad?- me pregunta más seria.

-¿Por qué debería besarte?- intento entenderle.

-¿Lo harías?- insiste más seria.

-Supongo que no sería lo mismo.- intento poner mi mente en orden. Esta situación no es normal- So-somos amigas.

-Entonces no es lo que me has dicho.- cambia de tono a uno que parece de victoria- Si no los consideras algo del otro mundo es porque no has besado a la persona correcta.

-Siempre ha sido por trabajo. Todos los hombres de aquí son iguales, ninguno vale la pena. Solo se preocupan por alimentarse y mantener relaciones sexuales. Cuidar de más gente supone un problema porque son más bocas para alimentar así que, solo cuando hace falta población para trabajar, nos reproducimos por necesidad.

-Que triste es eso, ¿no?- suspira- Arriba, un beso, está muy idealizado. Hay que mirar muy bien a quien le entregas el primero, y más aún la primera vez…- termina de decir algo sonrojada.

-Que diferente es todo.- analizo sus palabras. Así las cosas tienen más emoción…

-¿Cómo fue tu primera vez?- me pregunta después de una pausa- Sé que fue trabajando pero, ¿qué sentiste?- sigue hablando sonrojada.

-¿Mi primera vez?- intento hacer memoria. ¿Cuánto hace de eso? ¿Con quién fue?- Podría decirse que mi madre me confió a un hombre algo comprensivo.- recuerdo- Solo me quitó la ropa necesaria e intentó que no me hiciese tanto daño…- fue así, ¿verdad?- Hace tiempo de eso, así que no lo recuerdo muy bien.

-¿Tanto tiempo hace?- se extraña.

-Cuando nos conocimos hace cinco años, ya hacía tiempo que pasó.- intento hacer memoria- Tenía trece años.- recuerdo. Fue poco después de que me bajase la regla.

-Serías una niña.- sigue algo nerviosa.

-Aquí la niñez se acaba cuando te baja la regla.- le explico- Se tiene hijos para que te ayuden en casa.

-A mí que me preocupa a quién le tengo que dar mi primer beso…- suspira- Siento que tengas que vivir así.

-Las cosas aquí son así, no te tienes que disculpar.- le resto importancia- No estoy segura de cómo te debes sentir tú por tu primer beso. Debe ser algo extraño tener que preocuparse por algo así.

-¿Me guardarías tú mi primer beso?- me pregunta, volviéndose a sonrojar, cabizbaja.

-¿Guardarte? ¿Cómo?- me extraño. ¿Cómo se guarda un beso?

-No quiero olvidar a quien se lo he dado. No siempre te casas con la persona a quien se lo das y tengo miedo de olvidarme de a quién se lo di.- habla más rápido por los nervios.

-Pero yo…- no logro pensar con claridad- Pensaba que eso era algo especial para ti.- le recuerdo.

-¿Y quién más especial que una amiga?

—-Fin del capítulo

Ciudad Doble Capítulo 3

Voy buscando cerca de las casas por si hay algo útil que pueda aprovechar para la familia. Sin darme cuenta he llegado a la casa incendiada. El chico no está cerca por lo que supongo que estará buscando algo para comer o ropa.

Los escombros han sido retirados igual que los muebles quemados. La manta que le di está donde le vi acostado lo que me da a entender que la está usando para dormir.

-Tú.- escucho una voz imponente- ¿Qué haces aquí?

Me giro buscando al responsable de la voz pero no hay nadie.

-Solo estoy buscando comida, no voy a robar nada.- respondo dando una vuelta por si aparece alguien.

-Si aquí no hay nada, ¿no lo ves?- escucho que la voz viene de detrás de la única pared que queda.

-He venido por rutina, nada más.- empiezo a ponerme nerviosa.

-Tu madre vende su cuerpo, ¿verdad?- me pregunta un hombre dejándose ver mínimamente detrás de la pared- ¿Y tú?

-No voy a hacerlo porque tú me lo pidas.- me impongo. Mi madre siempre me ha dicho que sólo se hace por necesidad no porque te obliguen.

-¿Y si es alguien de arriba?- se deja ver. No es alguien que conozco por lo que es muy probable que sea de arriba… ¿Qué hago? No puedo negar las órdenes de los de arriba- Sabes que no puedes negarte, ¿verdad?- se acerca a mí de forma amenazante- ¿Empezamos?- me pregunta cogiéndome del pelo- Deberías bañarte más.- me dice después de olerme el cuello- Aunque tu olor no me desagrada.- tira más fuerte tirándome al suelo- Ni se te ocurra negarte.- me susurra al oído mientras me desabrocha el pantalón- Ni gritar.- tira de los pantalones con fuerza para quitármelos. Después de tirarlos lejos se abalanza sobre mí, sujetándome por la muñecas- Así me gusta.- me dice al ver que he cerrado los ojos. No quiero verle. No quiero que me mire más a los ojos…- ¡Dios!- se queja después de escucharse un golpe- ¿Qué diablos…- otro golpe y noto como cae sobre mí.

-¿Qué he hecho?- reconozco la voz nerviosa del chico de la casa- ¿Qué he hecho?- sigue lamentándose.

Abro los ojos. El hombre tiene sangre en la cabeza y parece inconsciente.

-Tenemos que hacer algo.- me dice cogiendo mis pantalones y dándomelos sin dejar de andar de un lado a otro nervioso- No podemos dejarle ir, sería nuestra ruina.- me ayuda a quitármelo de encima- Esto ya es demasiado.- comprueba que respira acercando la oreja a su boca- Creo que no respira.- se aparta asustado- Le he matado.

-Tranquilo.- me acerco al hombre y lo compruebo yo también. Sí que es verdad que parece que no respira- No-no…- no me salen las palabras. Está muerto. Ha matado a uno de arriba.

-Hay que desacerse de él. Si lo descubren…- habla nervioso andando de un lado a otro- No podemos dejar que lo vean.- comprueba si hay alguien cerca- Esto es tu culpa.- me reprocha algo enfadado.

-¿Mi culpa?- le pregunto confusa y algo enfadada- No estaba buscando acostarme con él precisamente, ¿sabes?- le recuerdo- No puedo negarme si me lo dice alguien de arriba, ¿o sí?- hablo más rápido por la acusación- ¿Qué hubieses hecho tú?

Se toca la cabeza nervioso y me señala el cuerpo del hombre.

-¿Qué si no? No podemos dejar que hagan lo que quieran con nosotros.- se cubre la cabeza con los brazos- Nosotros no les molestamos.- se agacha- Creo que con quedarnos donde estamos ya tienen bastante.- se vuelve a levantar y vuelve a andar de un lado a otro- Me estoy cansando de todo esto. No tengo casa por su culpa. ¡Por su culpa!- le señala- Me han quitado todo lo que tenía y encima vienen aquí a violar…- respira hondo para tranquilizarse.

-Deshagamonos de él.- le digo poniendo mi mano en su hombro para intentar tranquilizarle.

Hemos cubierto el cuerpo con la manta y lo llevamos cerca de las paredes del subsuelo donde no suele ir nadie. Mi padre me contó que es el mejor lugar para huír si te buscan. Llegamos cerca de la frontera entre alturas al otro lado de donde me encuentro con Amaya. En esta parte echan las basuras los de arriba por lo que no creo que busquen algo aquí.

-Gracias.- le agradezco mientras cavamos el hoyo para enterrar el cuerpo.

-Ya estamos en paz.- me dice sin dejar de cavar- No te debo nada.- me dice más serio- Que no se te olvide.

-Tranquilo.- respiro hondo para contenerme.

¿Qué no entiende que lo hice porque quise? En ningún momento quise nada a cambio. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién lo hará?

-Ahora que estamos en paz,- sigue después de tapar el hoyo- no vuelvas a pasar por mi casa.- termina de decir dándome la espalda- No quiero volverlo a hacer.

¿En serio piensa que la culpa es mía? Esto es impresionante. Por esa regla, yo no le he pedido que me ayudara para devolverme un favor que no le pedí. No era asunto suyo…

¿Qué dirá Amaya cuando nos volvamos a ver? ¿Sabrá que nosotros hemos hecho algo? ¿Sabrá que ha desaparecido alguien de su zona? Espero que no se aparte cuando lo sepa.

—-Fin del capítulo

Ciudad Doble Capítulo 2

Ha pasado una semana desde que Amaya me propuso cambiar las cosas. Ha pasado una semana llena de incidentes. Los ataques desde los de arriba se han vuelto más constantes. Tres en una semana… Esta última vez han incendiado una casa. Por desgracia del chico que vivía ahí, no tiene nada de interés por los demás por lo que no le ayudan.

Seguro que los demás querrían que les ayudasen si estuviesen en su situación aun así le dejan en la calle. Antes de ir a reunirme con Amaya he decidido ir a darle algo de ropa al chico.

-Hola.- le saludo acercándome a la única pared que le queda.

Está sentado en el suelo encima de una camiseta, parece. Esta noche ha llovido por lo que ha entrado agua por los puentes y el suelo está mojado. Se ha sentado sobre la camiseta para poder esquivar algo la humedad del suelo.

-Hola.- me devuelve el saludo confuso.

-Ten.- le ofrezco una manta que he conseguido haciendo un servicio y he guardado para él.

-¿Qué quieres?- me pregunta sin hacer mención de cogerlo.

-Solo quiero ayudarte.- le respondo sin dejar de ofrecerle la tela.

-¿Solo eso?- se burla- No voy a acudir a tu madre.

-No es eso.- le corto- No conseguiría nada mandándote con ella.- le explico sin querer ofenderle. No tiene nada que ofrecer por lo que no me interesa darle ese trabajo a mi madre.

-¿Entonce?- sigue preguntando confuso.

-Ten, tómala.- se la lanzo al ver la altura del sol- Solo quiero ayudarte.- le repito alejándome.

No sé el tiempo que paso con Amaya pero no quiero perderlo.

-Lena.- me llama Amaya saludándome con la mano y con una sonrisa- Pensaba que no podrías venir.

-He tenido que hacer algo antes de venir.- prefiero no decirle la verdad porque la otra vez se enfadó cuando le dije lo de los ataques.

-Lo importante es que hayas podido.- sigue con su sonrisa- ¿Cómo ha ido todo?- pregunta algo más seria.

¿Qué hago? ¿Se lo digo? Pero no quiero que se enfade. Normalmente este es un tiempo agradable y no quiero estropearlo con mis dramas.

-Sé lo que ha pasado.- interrumpe mis pensamientos- Les han atrapado subiendo por una de las pasarelas.- me explica seria- Uno de ellos parecía herido. Dice que le atacasteís.

-Pero…- intento encontrarle la lógica.

-No le creen porque él venía de abajo, cosa que ya es delito, y sus ropas estaban llenas de ceniza. ¿Qué ha pasado?

-En el último ataque quemaron una casa.- le respondo temerosa por su reacción.

-¿Han habido heridos?- me pregunta preocupada.

-Por suerte no estaba… Por eso nadie fue a ayudarle…- tampoco lo hubiesen hecho.

-¿Pero no vieron el humo?- se altera un poco.

-Aquí, si no puedes devolver el favor, no te lo hacen.- le explico- Él no…

-¿Pero qué dices?- me interrumpe enfadada- ¿Dejan que se queme y yau?- mira por el camino nerviosa- ¿Y si hubiese estado dentro?

-Una boca menos que alimentar.- lamento que sea así- En cierta parte nos ayudamos entre nosotros. Quien no puede devolver el favor, por desgracia, molesta.

-Que crueldad.- se levanta y murmura para sí andando de un lado a otro- Es una injusticia.- entiendo entre el mumuro.

-Amaya.- me levanto y evito que siga andando poniéndome delante- Sé que esto te puede resultar increíble pero siempre ha sido así. Aquí abajo no cabe mucha gente así que se deja morir.- le explico con pesar- Es lo más injusto que hay pero no podemos hacer mucho…- detengo mis palabras al verle con los ojos llorosos.

-Espero que nunca seas prescindible.- me abraza llorando- No sé qué haría si te pasase algo.

Me está abrazando. ¿Qué hago? ¿Le abrazo? Puede que le asuste. No es lo mismo abrazar que ser abrazado. Me decanto por no hacer nada. Quedarme quieta hasta que se le pase.

-Que fría eres.- se aparta con media sonrisa.

-Me encuentro bien.- le digo comprobando mi temperatura.

-No es eso.- me da un golpecito en el brazo- Deberías ser más cariñosa.

-¿T-tú-tú…- intento pensar con claridad, no puede estar diciéndolo, seguro que es otra cosa, ¿no?- Y… Yo…- siempre que me dicen esto es por trabajo, no creo que lo diga por lo mismo.

-¿Por qué estás tan nerviosa?- me mira divertida- Solo es relajarte un poco, siempre estás muy tensa.

Otra vez lo mismo. No puede ser eso, seguro. Ella es mi amiga. Pero, ¿cómo lo hago? No sé estar de otra forma. Es mi forma de ser. No me relaciono mucho por lo que no sé cómo se hace. Aunque considero que no lo hago tan mal.

-¿Qué piensas?- me saca de mis pensamientos- ¿He dicho algo mal? No pretendía ofenderte.

-No me has ofendido.- le digo negando con las manos- Es solo que, lo de ser más cariñosa, me lo dicen cuando tienen algo que ofrecerme…- dudo en seguir- Me ha pillado un poco por sorpresa.- le confieso todavía algo nerviosa.

-Ah…- se pone también algo nerviosa- Yo no lo he hecho nunca…- dice sonrojada.

-No creo que necesites hacerlo, no parece que te haga falta.- le digo analizando por qué lo haría.

-Ti-tienes razón.- se ríe de forma nerviosa- Bu-bueno,- se aclara la garganta- sobre la semana pasada,- cambia de tema- después de lo sucedido van a poner más seguridad en los puentes por lo que no tendréis que preocuparos de que vuelvan a bajar.- termina de decir más tranquila.

-Me alegra escuchar eso.- le digo más relajada.

Parece que se ha olvidado de lo que dijo la última vez, supongo que es mejor así, no estamos para enfrentamientos. Eso podría afectar a nuestra amistad.

-Cuando sepa algo más, te lo diré.- me acaricia el brazo.

-Gracias.- le agradezco con sinceridad.

Parece que se lo toma en serio. Espero que no se meta en problemas por querer ayudarme.

—-Fin del capítulo

Ciudad Doble Capítulo 1

Vivo en una ciudad dividida en dos. Dos ciudades, la alta y la baja. La alta, construida encima de la nuestra, es todo aquel, a nuestro ojos, que tiene una vida fácil, que puede conseguir dinero para poder comprarse comida o ropa. Para ellos, y es la verdad, la ciudad baja somos los que sobrevivimos con lo que tenemos. Hay pocos cultivos y poco granado, por vivir en una ciudad subterránea, por lo que para los que no tenemos nada luchamos por algo que llevarnos a la boca.

Mi familia no posee nada. Nos dedicamos a hacer trabajos para otros para poder conseguir el alimento. Mi padre hace trabajos realmente sucios con mi hermano mientras mi madre vende su cuerpo. Algunas veces, cuando la situación está realmente mal, me pide que le acompañe, pero solo cuando estamos muy mal. Normalmente voy buscando en las sobras de los demás si se puede aprovechar algo.

La pelota con la que jugaba, me la encontré. Seguramente le cayó a alguien de arriba. Como los otros niños se lo imaginaban, quisieron devolverla, pero nadie tocaría algo que ha caído de bajo aunque solo lo hayamos tocado para devolverlo. Nuestros juguetes fueron nuestra imaginación.

Hoy, como cada jueves, si lo tengo libre, me dirijo al camino de la montaña. Al llegar a mitad de camino siempre me está esperando.

-Amaya.- le saludo en voz baja. Siempre que nos juntamos hablamos bajo para que no nos descubran.

-Hola, Lena.- me devuelve el saludo con su sonrisa- Me alegra saber que has podido venir.- sigue animada.

Ella no sabe si voy a poder ir o no porque no tenemos otra forma que no sea esta para comunicarnos por lo que hay veces que me espera y yo no puedo ir o, si voy, voy muy tarde.

-Esta semana mi padre ha hecho un buen negocio.- le digo contenta al saber que estaremos más relajados.

-Me alegra escuchar eso.- sigue con su sonrisa- Espero que siga así.- su sonrisa se vuelve triste- Me gustaría poder ayudarte.- termina de entristecerse.

-Las cosas son así.- le digo para que no se sienta culpable- Seguro que tú también tienes tus cosas, ¿no es así?

-Lo mío son tonterías en comparación de lo tuyo.- suspira- Mi preocupación son los estudios, encontrar un marido…- habla nerviosa- Mis padres me dan todo lo que quiero.

-Seguro que lo hacen porque te quieren.

¿Por qué me está contando esto ahora? Cuando nos conocimos tuvimos una charla parecida porque no entendía que no fuese a la escuela. Pero solo se extrañó, no se cuestionó nada.

-No estoy segura de eso…- habla decaída.

-Eso es una preocupación seria.- le digo al ver que duda del amor de sus padres.

¿Se puede dudar de algo así? Si no te quieren, no te cuidan, ¿no? Te abandonan. Lo sé porque hay una mujer que cuida de esos niños. Después consigue comida y bienes a cambio de favores que estos ofrecen a quienes se los ofrece.

-Te admiro.- sigue- Os admiro. Vosotros valoráis lo que tenéis.- vuelve a suspirar.

-¿Ha pasado algo?- intento entender por qué está así.

-Llevo tiempo pensándolo y cada vez me da más rabia.- pasa de mi pregunta- ¿Por qué es así? Lo he preguntado y nadie ha sabido responderme.- sigue hablando más nerviosa- ¿Por qué no podemos ayudaros? Podemos mandar de vosotros pero desde arriba. Si no nos podemos mezclar, ¿por qué hacernos caso?- se enfada un poco- ¿Qué beneficio sacamos de vosotros? ¿Qué nos aportáis?

-¿Qué tiene eso que ver?- intento entenderle. Si ella vive bien, ¿por qué se lo plantea? No tiene sentido molestarse por algo que a ella no le afecta.

-No es normal dejaros vivir así, sin ninguna ayuda.- responde todavía algo enfadada- No encuentro ningún motivo para eso. ¿Qué tiene de malo mezclarnos? Nosotras hablamos y no me ha pasado nada. Ya que os podemos mandar, ¿por qué no nos podéis servir? Así os ayudaríamos a salir de ahí.

-¿Serviros?- me extraño. Eso implica…- Para eso tenemos que subir, cosa que no podemos. Es más fácil que bajéis a molestarnos que que subamos a serviros.

-¿Molestaros?- se extraña- ¿Por qué bajaríamos a molestaros?

-Ya lo han hecho.- le respondo- Algunas veces bajan y derrumban algunas cosas o destruyen las cosechas.- le explico.

-¿En serio?- se extraña más- ¿Y no hacéis nada para impedirlo?

-¿Cómo podríamos? No podemos desobedeceros.- le respondo con media sonrisa. Realmente me da rabia que lo hagan, pero no podemos hacer nada, vienen de arriba.

-Que mierda.- rechista pensativa- ¿Por dónde bajan?- sigue pensativa.

-Por las pasarelas de vuestra ciudad.- respondo haciendo memoria por cuales.

-¿Pasarelas? ¿Los puentes?- se extraña- Pero están muy a la vista. Hay muchos por toda la ciudad. Y hay cámaras.

-¿Cámaras?- le pregunto extraña- ¿Guardias?- intento entenderle. Es la primera vez que escucho ese concepto.

-Sí… algo así.- responde poco segura- No entiendo nada.- suspira- ¿Por qué hacer algo así?- se pregunta en voz baja- Mira Lena,- me coge de la mano- voy a intentar saber qué es lo que se está tramando.- me mira seria, con reto- Si unimos nuestras fuerzas podemos cambiar las cosas.

-Amaya, eso… eso…- intento pensar con claridad pero el miedo de desobedecerle me invade- ¿Cómo?- consigo encontrar algo con sentido.

-Pensaré en algo.- mira la hora- La semana que viene te lo diré.- se levanta- Si pasase algo más, no dudes en decírmelo. Me tengo que ir ya. Nos vemos el jueves.

-Hasta el jueves.- me despido.

No llevo ningún reloj ni sé las horas, solo sé que hoy ha estado menos tiempo que el de costumbre. Puedo saber más o menos el tiempo que pasa por el sol y todavía sigue alto.

Espero poder venir la semana que viene. Tengo mucha curiosidad por saber qué es lo que está pensando. La idea de cambiar las cosas me asusta pero si es algo que ella quiere hacer, ¿por qué no hacerlo?

—-Fin del capítulo

Ciudad Doble Prólogo

Nos conocimos accidentalmente hace cinco años cuando unos niños lanzaron mi pelota a la ciudad alta. Normalmente no podemos mezclarnos, hacer para comunicarnos con ellos. Aun así ella se preocupó por mi situación.

-¿Nos os da vergüenza?- gritó alguien de la zona alta- Sois dos contra una.- les dijo a quienes me pegaban.

Claro está que huyeron. Alguien de la ciudad alta les había mandado y daba igual que fuese una niña. Aquí las cosas son así. Los de arriba tienen poder sobre los de abajo. Y eso lo sabemos desde que nacemos. Sabemos que existe otra parte de la ciudad y que no debemos bajar o subir.

Ella se arriesgó mucho al devolverme la pelota, al defenderme. Pero normalmente nadie transita los bordes entre las dos ciudades. Es difícil ver a alguien de mi zona acercarse al muro o a alguien de arriba acercarse a la barandilla que impide que puedan caer.

Nadie ha subido o bajado entre las dos secciones, siempre hemos cumplido esa norma. Ella y yo nunca hemos llegado a estar en la zona de la otra. Cerca de donde me ayudó con los niños se terminan ambas ciudades por la montaña. Por lo que me contó, había descubierto un camino que baja pero tuvo miedo y estaba volviendo a casa cuando mi pelota le cayó delante. Ambas nos reunimos a mitad de ese camino, escondido a los ojos de los demás, de los que no quieren cruzarse con los de la otra zona.

Hoy hace cinco años desde que ella me ayudó, cinco años en los que empezamos a comunicarnos con alguien que no es de la ciudad a la que pertenecemos. Hoy hacen cinco años de mi amistad con ella.

—–Fin del prólogo